Un modelo 3D bonito en pantalla puede ser imposible de fabricar, o salir carísimo. La diferencia entre un modelado y un diseño 3D industrial está justo ahí: nosotros diseñamos sabiendo con qué proceso y con qué material se va a producir la pieza, y eso condiciona cada decisión del modelo.
- Espesores y nervios. Rigidez donde hace falta, sin material de más que solo añade peso, tiempo y coste.
- Orientación de fabricación. En impresión por filamento la pieza es más débil entre capas, así que el diseño se plantea para que el esfuerzo no trabaje en esa dirección.
- Tolerancias y ajustes. Se define el juego real de cada encaje en lugar de dibujar cotas nominales que luego no montan.
- Insertos y tornillería. Alojamientos para insertos roscados, casquillos o imanes, para que la pieza llegue lista para montar.
- Voladizos y geometrías cerradas. Evitar lo que obliga a soportes innecesarios o impide limpiar la pieza por dentro.
Cuando partimos de una pieza física en lugar de una idea, el trabajo empieza antes: medimos o escaneamos, reconstruimos la intención de diseño original y corregimos el desgaste en lugar de copiarlo. Ese proceso lo contamos en escaneado 3D e ingeniería inversa y en cómo fabricar una pieza a partir de una muestra.
Y como también fabricamos, el diseño no se entrega y se olvida: si la primera unidad revela un ajuste que baila o un punto que hay que reforzar, lo corregimos sobre el modelo. Las claves técnicas están en cómo diseñar una pieza para impresión 3D, y la elección de material en qué material elegir.
